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sábado, 2 de agosto de 2008

Pescando en Filipinas


Quien me iba a decir que Filipinas iba a ser el país que me iba a convertir en un verdadero protón de fósforo. No hay ni un sólo día (quizá sí) que no haya probado o repetido una de las tantas variedades de pescado que te ofrecen en alguna de sus cantinas o restaurantes. Mi preferido es el Blue Marlin al grill, cuyo sabor se parece mucho al atún, pero el adobo (hecho a base de soja, lima y otros ingredientes que no alcanzo a reconocer) lo convierte en un plato unicamente encontrable en estas latitudes. Otra variedad muy sabrosa es el Lapu-Lapu, una pieza rosada y de sabor suave y resbaladizo. Una de mis constantes (si le puedo atribuir ese adjetivo) es el Kitong, que lo sirven en la que ha sido, durante mis meses en Butuan City, mi lugar de referencia para comidas, cenas, bienvenidas y despedidas: el Paboritos. Lo hacen al grill, con un relleno en las mismas entrañas del pescado de tomatito, cebolla y pimiento verde. La mezcla con la salsa de soja, el chili y el arroz lo convierten en un plato que despierta adicción, de verdad. Otros pescados como el Galunggong o el Salay Salay no tan frecuentes en mi dieta pero parte de mi experiencia gastronómica. Lima, salsa de soja (toyo), vinagre de coco y gengibre son algunos de los ingredientes que de una u otra forma acuden a ti.
Siguiente capítulo: las variedades del cerdo (Baboy) en Filipinas, un animal al que rinden verdadera devoción.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Miyama



Este japonés ha sido un descubrimiento no fallido. Y lo digo porque en mi obsesivo rastreo de restaurantes japoneses me he topado con alguna que otra decepcioncilla. Y la apuesta es sencilla: las proporciones. Los Temakis se agigantan (repetimos Maguro Temaki), el tartar de salmón se hace delicado en sabor y en precio y el plato de sushi variado al estilo Miyama sorprende hasta al más ortodoxo. El mousse (si no recuerdo mal ese era el sustantivo, pero lo que importa es el complemento que viene a continuación) de sésamo es de cortocircuito mental y con él se cerró una sesión de exquisiteces con sentido del espacio: los platos hay que llenarlos y las bocas también. Merece una visita este Miyama (montaña bonita en japonés)...

Dirección: c/ Flor Baja 5 (metro Santo Domingo o Plaza España)
Teléfono: 91 540 13 86 (cierra domingos y festivos)
Precio: alrededor de 25 a 40 €
Al plato vendrás valora - Paladar: 8 Servicio: 8

jueves, 29 de noviembre de 2007

Viva Wok


Uno de los restaurantes orientales que más me gustan de Madrid es el Viva Wok. Y no sólo por lo sabroso de algunos de sus platos (hay otros que parecen chupetes de caramelo con resgustillo a carne por la salsa de sauce y lima - no lo recomiendo) sino también por la amplitud de espacio y buen precio. Tienen una sopa agridulce catatónica; la sopa Thai es un lujete para los sentidos y los "tallarines al estilo del campo chino" son deliciosos. Según me contó la camarera china, cuando era pequeña se los ponían muy a menudo para comer y los detestaba, pero ya de mayor era uno de sus platos favoritos (todo este relato surgía mientras me robaba los cubiertos y me cortaba los tallarines como si de mi propia abuela se tratara). El pato crujiente al estilo Sanghai es la repera, con su cebollino, y su salsa laqueada. El tempura es correcto, en cantidad y precio. Para cerrar la sesión, te ofrecen unas nueces garrapiñadas con sésamo muy ricas y a menudo sales por la puerta con algún regalillo: yo ya tengo en mi colección un mini-abanico, un licor que parece esencia de pachulí y un calendario de cascada con cisnes.

Dirección: calle O´Donell 31. Zona Retiro. Tfno: 91 431 44 37
Precio medio: 20-25 euros
Al plato vendrás valora - Paladar: 6,5 Servicio: 5

viernes, 9 de noviembre de 2007

Little Hanoi


Vietnam crece. Y crece y crece, en todos los sentidos, en número de habitantes, de hoteles, de motos, de bicicletas, de restaurantes...y dentro de ese magma retorcido y atomizado, se encuentra Hanoi, una ciudad de obstáculos constantes, que parece enrabietada y donde convives las 24 horas del día con el inquietante sonido de todo tipo de bocinas. En este paraíso de la velocidad y el caos, encontramos (recomendado por amigos y por nuestra enrollada guía Let´s Go), el pequeño y servicial Little Hanoi, un restaurante en el corazón del Distrito de Old Quarter. Llegamos azotados por el cansancio después de recorrer casi 1.000 kilómetros desde Hong Kong en innumerables medios de transporte (todos ellos terrestres) y nuestra cena allí, terminó por narcotizarnos y cerrar el día como si jamás hubieramos estado cansados. Un lugar de mesas y sillas macizas, luz tenue y ambiente sigiloso. Comenzamos con unos divertidos Fresh Spring Rolls de pescado, que elaboras colocando en el interior de una finísima lámina de papel de arroz, tiras de verduras y hojas frescas, palitos pescado y piña. La salsa de pescado para mojar es de arrebato. El buey al curry rojo, descomunal, por sus proporciones y su intenso e innolvidable sabor. Los baratisimos y helados "lime juices" son la bebida perfecta para arrancarte la sed y rebajar el calor que uno siente en ese país. Con la cuenta, como detalle de la casa, te ponen un platito de frutas de temporada (piña, papaya, ...). Ciudado con emocionarse pidiendo platos: las proporciones son gigantescas.

Dirección: 9 Ta Hièn - Old Quarter. Hanoi.
Al plato vendrás valora - Paladar: 9 Servicio: 7